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El « Grand Condé », un diamante pera en el corazón de una manzana

Diamante rosa El Grand CondéEste diamante rosa de poco más de 9 quilates, ocupa sólo el 20° puesto en la clasificación de los diamantes rosa célebres, sin embargo su historia, rica de acontecimientos, la ha convertido en una piedra de leyenda.

De un rosa claro, esta pera vendría de una de las históricas minas de Kollnur, situada en la región de Golconda, al sur de la India y habría sido llevada a Francia por el ilustre explorador Jean Baptiste Tavernier, quién la presentó y la regaló al Rey Sol. Se dice que Luis XIV se le habría regalado a Luis II de Borbón, príncipe d Condé, en agradecimiento por sus numerosas victorias militares entre 1660 y 1675, es de esta manera que el diamante rosa habría hecho su entrada en las colecciones de Chantilly.
 
El príncipe de Condé quién sufría de gota lo hizo engarzar sobre el pomo de su bastón, el cual lo acompañó hasta el fin de su vida. El diamante, sin embargo, no figura en la herencia de este último. Se le menciona por vez primera en los archivos de Chantilly en 1713 en los que está escrito que el diamante rosa pertenecía a Ana de Baviera la que lo habría transmitido a su nieto Luis Enrique, duque de Borbón, para su casamiento con su primera mujer María-Ana de Borbón Conti. Lo encontramos por otro lado en el inventario establecido luego del deceso de ésta en 1720 bajo la descripción de « diamante puntiagudo ». A la muerte de Luis Enrique de Borbón en 1740, el « Grand Condé » se encontraba sobre un vellón de oro del cual habría sido desengarzado en 1753. No sabemos qué es lo que ocurrió de la preciosa piedra hasta 1830 cuando murió el quinto descendiente del Gran Condé quién a falta de un heedero regaló todo su patrimonio incluído el dominio de Chantilly a su sobrino y ahijado el duque de Aumale. Parecería que la madre de su sobrino, la reina María-Amelia hizo colocar el diamante sobre un alfiler descripto por Constance Bapst, joyero de la corona, en su inventario realizado en 1839. El duque de Aumale, viudo y sin descendientes, legó sus bienes al Instituto de Francia bajo la condición de que el castillo de Chantilly se conviertiera en museo y que sus tesoros no salieran jamás de allí. Fué solo con la audacia y el tesón de dos comerciantes alsacianos, Leon Kaufer y Emile Souter que estando en una grave situación finananciera planificaron para consumarlo el 12 de Octubre de 1926 el robo de los tesoros de Condé en la famosa Torre de las Gemas.
 
El Grand Condé diamante rosaEl curador del museo de Chantilly en aquel momento, quién no era otro que el General Petain, intentó incansablemente, juntamente con la policía, de encontrar las joyas robadas. Será necesaria la perspicacia de un hotelero y la avidez de una mucama para que el diamante rosa sea encontrado en una manzana dos meses más tarde. Entre los tesoros de Condé numerosas joyas reconocibles han desaparecido ya que no podían ser revendidas en ese estado, los maleantes se cuidaron de hacerlos desaparecer en el río Sena. Luego de este robo, una copia del « Grand Condé » se exhibe en el museo de Chantilly, la verdadera joya está guardada en la caja fuerte del castillo.

A pesar de su peso relativamente débil, el « Grand Condé » o « diamante rosa de Condé » figura en la historia de las joyas de la Corona de Francia. Desde su lugar sobre el pomo de un bastón hasta su consagración sobre un vellón de oro, fué necesaria una "nueva versión" del pecado original para evitar que desaparezca para siempre.